Trastornos sanguíneos

Los trastornos sanguíneos implican problemas en la sangre o médula ósea. Después del nacimiento, la médula ósea (área adiposa en el interior de los huesos) es la principal fuente de nuevas células sanguíneas.

A menudo, los problemas con la forma en que la médula ósea produce células sanguíneas, dan como resultado trastornos sanguíneos.

Los trastornos sanguíneos están relacionados con cualquiera de los cuatro componentes básicos de la sangre:

  • Glóbulos blancos, que ayudan a combatir infecciones.
  • Glóbulos rojos, que transportan oxígeno a los tejidos.
  • Plaquetas, que ayudan a detener el sangrado.
  • Plasma: que contiene varios componentes, entre los que se incluyen factores pro-coagulantes (que ayudan a detener el sangrado) y factores anticoagulantes (que previenen la formación de coágulos).

Existen cinco tipos de glóbulos blancos, que pueden verse afectados en un trastorno sanguíneo:

  • Ranulocitos (también llamados neutrófilos o neutrófilos segmentados)
  • Linfocitos
  • Monocitos
  • Eosinófilos
  • Basófilos

Aunque muchas afecciones médicas son diagnosticadas de manera amplia como un trastorno sanguíneo, la verdad es que pueden variar mucho unas de otras.

En general, cuando los médicos se refieren a una condición como “trastorno sanguíneo”, están realidad están implicando que la enfermedad no es de tipo canceroso (benigno).

Sin embargo, algunos trastornos sanguíneos se encuentran entre el límite de lo benigno y maligno (canceroso), que en ocasiones son denominados como pre-malignos, y pueden evolucionar hasta convertirse en cáncer.

Por lo general, la leucemia no se incluye en el término más amplio de trastornos sanguíneos, ya que es un cáncer de la sangre / médula ósea.

Los médicos hematólogos que se especializan en el diagnóstico y tratamiento de problemas en la sangre y / o la médula ósea, son quienes diagnostican y tratan los trastornos hematológicos.

Los tipos más comunes de trastornos sanguíneos

Neutropenia

La neutropenia es la disminución del número de neutrófilos, un tipo de glóbulo blanco.

Los neutrófilos son una parte importante del sistema inmunológico que combate las infecciones bacterianas.

Existen numerosas causas, incluida la neutropenia autoinmune, el síndrome de Shwachman Diamond y la neutropenia cíclica.

Anemia

La anemia es el resultado de la disminución en el número de glóbulos rojos o de la hemoglobina, la proteína que transporta el oxígeno.

La anemia puede ser el resultado de una deficiencia de hierro, la enfermedad de células falciformes o la talasemia.

Leucocitosis

Recuento elevado de glóbulos blancos

Leucopenia

Recuento bajos de glóbulos blancos

Policitemia

La policitemia vera (PV) es una afección en la que la médula ósea produce una cantidad excesiva de glóbulos rojos. Este incremento puede elevar el riesgo de formación de coágulos.

Púrpura Trombocitopenia Inmunitaria

La Púrpura Trombocitopenia Inmunitaria (PTI) es una afección en la que las plaquetas se marcan como “extrañas” y, por lo tanto, se destruyen. Esto puede provocar hemorragias y recuentos de plaquetas muy bajos.

Trombocitosis

La trombocitosis se refiere a un mayor número de plaquetas. Afortunadamente, en la mayoría de casos, los recuentos elevados de plaquetas son causados por otra cosa (trombocitosis reactiva) que mejorará cuando la afección subyacente será solucionada.

Trombocitemia esencial

Entre las afecciones de la sangre más preocupantes se encuentra la Trombocitemia esencial. En esta condición, la médula ósea produce un número extremadamente elevado de plaquetas, que aumenta el riesgo de desarrollar un coágulo sanguíneo.

Hemofilia

La hemofilia es una afección hereditaria en la que ocurre una disminución, en la cantidad de factores procoagulantes (8, 9 y 11). Esto da como resultado un sangrado fácil.

Trombosis

Los coágulos de sangre (también llamados trombosis) pueden ocurrir en cualquier parte del cuerpo. En el cerebro, se llama un accidente cerebrovascular; en el corazón, se llama ataque cardíaco (o infarto de miocardio).

La trombosis venosa profunda (TVP) comúnmente se refiere a coágulos de sangre en brazos o piernas.

Síntomas comunes de los trastornos sanguíneos

Los síntomas de los trastornos sanguíneos varían tanto como el diagnóstico.

Algunos trastornos sanguíneos causan pocos signos, mientras que otros causan un mayor número de síntomas.

Por ejemplo:

La anemia puede causar fatiga, dificultad para respirar o aumento del ritmo cardíaco.

La trombocitopenia puede causar aumento de hematomas o sangrado por boca o nariz.

La hemofilia también puede causar un incremento del sangrado, pero se sabe que se dirige específicamente a los músculos y las articulaciones sin lesiones significativas.

Los coágulos de sangre en brazos o piernas pueden causar hinchazón y dolor.

Diagnóstico de los trastornos sanguíneos

Mediante análisis de sangre, el médico realizará la evaluación necesaria para confirmar el diagnóstico.

En ocasiones, los trastornos sanguíneos se identifican durante un examen de laboratorio realizado por otros motivos, como un examen físico anual.

Incremento o disminución de células sanguíneas

La prueba más comúnmente usada para diagnosticar trastornos sanguíneos es el conteo sanguíneo completo (CSC).

El CSC examina los tres tipos de células sanguíneas y determina si cualquiera de ellas aumenta o disminuye o si se afecta más de una célula sanguínea.

Esta información puede conducir a un diagnóstico o informar si se necesita un análisis posterior.

También se puede incluir un frotis de sangre con el CBC, que le permite al médico o patólogo observar las células sanguíneas bajo el microscopio, para recopilar información adicional.

Pruebas de coagulación

Si tiene mucho sangrado, es probable que su médico realice un análisis de sangre que se conoce comúnmente como análisis de coagulación, que generalmente incluye dos pruebas que analizan su sistema de coagulación: el tiempo de protrombina (PT) y el tiempo de tromboplastina parcial (PTT).

Estas pruebas brindan información general sobre qué tan bien coagula su sangre.

Si el PT o el PTT son prolongados (lo que indica que tiene más probabilidades de sangrar que otras personas), se realizará un nuevo análisis.

El médico puede ordenar los niveles de los factores de coagulación individuales o evaluar el funcionamiento de sus plaquetas.

Identificación de coágulos sanguíneos

Los coágulos de sangre son un poco diferentes. Para diagnosticarlos, el médico necesita obtener una imagen del área afectada.

En los brazos o las piernas, se usa un ultrasonido para evaluar posibles coágulos.

En los pulmones o el cerebro, se usan comúnmente tomografías computarizadas (CT) o MRI (resonancia magnética).

Tratamiento de los trastornos sanguíneos

El tratamiento se determina de acuerdo a un diagnóstico específico.

Algunos trastornos crónicos de la sangre no tienen un tratamiento específico, pero pueden requerir tratamiento durante los episodios agudos.

Por ejemplo:

La anemia causada por la deficiencia de hierro se tratará con suplementos de hierro. La beta talasemia mayor, una forma hereditaria de anemia, se trata con transfusiones mensuales de sangre.

La hemofilia se puede tratar con productos de reemplazo del factor de coagulación, que se usan para tratar hemorragias puntuales o, administradas de manera regular para prevenir hemorragias (profilaxis).

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